Gabimarc me trata como su perra en una escena de primera vez
Llevaba días mirándome con esa sonrisa pícara, rozando mi polla con disimulo cuando nadie veía. Sabía que quería esto tanto como yo, pero se hacía la difícil, la muy puta. Hasta que una noche, en su cuarto oscuro, me empujó contra la cama y me susurró al oído: 'Hoy me vas a follar como a tu perra'. Imagínate el calor que hacía, su coño ya mojado antes de que ni siquiera la tocara. La puse a cuatro patas, le separé las nalgas y le metí los dedos para abrirla bien, escuchando cómo gemía cada vez que los movía más adentro. Cuando ya no aguanté más, le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo su culo apretado me apretaba como un guante. Ella gritaba, se retorcía, me pedía que le diera más fuerte, que no parara. Le agarré el pelo, le tiré la cabeza hacia atrás y le empecé a embestir sin piedad, sintiendo cómo sus paredes se contraían alrededor de mi verga. Cuando me corrí, fue tan intenso que hasta ella se quedó sin aliento, con mi leche goteando por sus muslos. Al final, Gabimarc solo pudo sonreír, exhausta pero satisfecha, mientras yo me desplomaba a su lado, todavía temblando.