Gibby el payaso le rompe el culo a la pelirroja celosa
La habitación olía a sudor y perfume barato, con las luces tenues de un motel de carretera iluminando el cuerpo sudoroso de Julie Ginger, que se retorcía en la cama mientras me miraba con esos ojos verdes llenos de rabia y deseo. La muy puta había venido a buscar venganza, a probar mi polla negra después de que su ex le contara cómo me la chupaba en secreto. Yo le sonreí mientras me desabrochaba el pantalón, dejando que mi verga gruesa y venosa se balanceara frente a su cara, y vi cómo sus mejillas se sonrojaban al ver el tamaño. '¿Esto es lo que querías, zorra?' le escupí, y ella solo asintió, mordiéndose el labio mientras se agarraba las tetas grandes y pesadas. La tiré boca abajo, separándole las nalgas carnosas para que mi lengua recorriera su coño mojado antes de clavarle los dedos en el culo, haciendo que gritara. '¡Más fuerte, cabrón!' me exigió, y yo no me hice esperar: le metí la polla de una estocada, sintiendo cómo su carne se estiraba alrededor de mi verga, apretándome como un guante caliente. Cada embestida la hacía gemir más fuerte, sus muslos temblando mientras yo le agarraba las caderas para hundirme hasta las pelotas, sintiendo cómo sus jugos me chorreaban por los huevos. '¡Te odio, pero no pares!' chilló, y yo solo reí, dándole más duro, más rápido, hasta que sus gritos se volvieron incoherentes. Cuando sentí que su coño se contraía alrededor de mi polla, supe que estaba a punto de correrse, y yo no me quedé atrás: le solté un chorro de leche espesa en la espalda, marcándola como mía mientras ella se desplomaba en la cama, jadeando. Pero yo no había terminado: la volteé de nuevo, le abrí las piernas y le metí los dedos en el coño, sintiendo cómo temblaba bajo mis manos. '¿Quieres más, perra?' le pregunté, y ella solo asintió, con los ojos vidriosos de placer. Le clavé la polla otra vez, esta vez más lento, disfrutando cada gemido que escapaba de sus labios mientras yo me acercaba al orgasmo. Cuando por fin me corrí, fue dentro de ella, llenándola hasta que su vientre se hinchó con mi leche, y solo entonces me dejé caer a su lado, sintiendo su cuerpo tembloroso contra el mío. Pero no hubo palabras, solo el sonido de nuestras respiraciones agitadas y el olor a sexo en el aire.