Gordita latina se empala con polla dura al aire libre
La morena de nalgas monumentales llegó a Ushuaia con solo un short ajustado y una camiseta que apenas le cubría los pechos duros como piedras. Desde que pisó el bosque, no paraba de menear ese culo enorme que le rebotaba al caminar, retando a cualquiera a que se atreviera a agarrarlo con fuerza. Él, un macho de verga gruesa que llevaba días con ganas de probar ese coño mojado, no pudo resistirse cuando ella se agachó a recoger una lata de cerveza y le mostró el tanga empapado pegado al pliegue de sus nalgas. Sin mediar palabra, la empujó contra el capó de un auto oxidado, le bajó el short de un tirón y le enterró la lengua en el culo mientras ella chillaba de placer, con los dedos enredados en su pelo grasiento. La gordita no tardó ni dos segundos en abrir las piernas y ofrecerle el coño chorreante, así que él le clavó la verga hasta los huevos sin piedad, embistiéndola como un animal mientras le gritaba que era una puta caliente que necesitaba que la reventaran. Ella, con las tetas aplastadas contra el metal del auto, no paró de gemir y de mover ese culo gordo contra su polla, pidiendo más golpes profundos que le hicieran sentir hasta el fondo del útero. La verga le estiró el coño de tal manera que se le escapó un chorro de jugos por las piernas al correrse, pero él no se detuvo ahí: la dio vuelta como un trapo, la apoyó contra el árbol más cercano y le metió la polla por el culo hasta que ella soltó un aullido de dolor mezclado con lujuria. Con las manos en sus nalgas gordas, la empotró con tanta fuerza que cada embestida le hacía botar ese culo como un flan, mientras el esperma le chorreaba por los muslos y le dejaba marcas blancas en la piel bronceada. Al final, ella se dejó caer de rodillas en el pasto húmedo, con la boca llena de leche espesa y la mirada perdida de tanto placer, mientras él le escupía en la cara y le decía que era su puta favorita para follar al aire libre.