Hermanastra latina con coño apretado follando salvaje
La hermanastra llegó a casa con ese short ajustado que le marca el culo prieto y esa blusa que apenas le tapa los pechos naturales. Él no pudo evitar mirarle el escote mientras ella se agachaba a recoger la toalla, y el tanga se le hundió justo donde el coño le chorreaba de ganas. Sin pensarlo, la agarró por la cintura con una mano y le deslizó los dedos por entre las nalgas, sintiendo lo mojada que la tenía por dentro. Ella jadeó cuando le metió dos dedos de golpe en el coño apretado mientras con la otra mano le masajeaba las tetas duras, esos pezones que se le ponían como piedras al contacto. La empujó contra la pared del pasillo y le bajó el short hasta los tobillos sin quitarle el tanga, que ya estaba empapado de sus jugos. Con un gemido ronco, le levantó una pierna y se la pasó por encima de su cadera para empalmarle la polla dura contra el coño, rozándole el clítoris hinchado sin llegar a entrar. Ella le clavó las uñas en los hombros mientras le suplicaba que la follara de una vez, que no aguanta más con esa verga gruesa a punto de reventarle las paredes vaginales. Él no necesitó más invitación: con un tirón brusco le arrancó el tanga y la empotró contra la puerta, sintiendo cómo su coño se abría como una flor para recibir cada embestida brutal. Los golpes de caderas resonaban en toda la casa, mezclados con los gritos de ella pidiendo más fuerte, más profundo, que la reviente viva. Cada vez que le clavaba la polla hasta el fondo, ella se mordía el labio inferior para no gritar como puta en celo, pero los gemidos se le escapaban igual mientras la leche le brotaba a borbotones por el coño y le resbalaba por los muslos. Él no se corrió hasta que ella se corrió tres veces seguidas, con el cuerpo temblando y los pezones duros como rocas, y entonces le llenó el coño de leche caliente mientras ella le arañaba la espalda pidiendo que no pare. Cuando por fin se separaron, la hermanastra quedó medio ida, con las piernas temblorosas y el coño goteando leche mezclada con sus jugos, y él supo que esto no quedaría en una sola vez.