Jill Valentine no sabe qué verga usar primero
Jill Valentine llegó con un coño tan empapado que hasta sus tatuajes se le veían borrosos de lo mojada que estaba. Llevaba días imaginando cómo sería sentir cada centímetro de esas dos pollas gruesas que le colgaban frente a sus ojos, una más ancha que la otra, una con venas palpitantes que le hacían babear solo de mirarla. La morena se arrodilló en el suelo de la habitación cosplay, con el tanga negro de encaje ya empapado en jugos que le resbalaban por los muslos, y sin pensarlo dos veces se llevó el juguete de silicona a la boca, chupando con saliva babosa mientras gemía entrecortadamente. Una mano le recorría el culo marcado con tinta, apretando los cachetes para abrirle bien el agujero mientras la otra se hundía entre sus pliegues, frotando el clítoris hinchado hasta que la morena soltó un grito agudo y se corrió en chorros espesos sobre sus propios dedos. Pero no era suficiente, no cuando tenía dos vergas listas para destrozarle el coño y el culo al mismo tiempo. Con un gruñido, se subió sobre la primera polla, empalándose despacio en esa carne caliente que le quemaba las paredes del coño mientras su culo seguía libre, ansioso por recibir el siguiente asalto. La segunda chica, con tetas pesadas que rebotaban al ritmo de sus embestidas, le agarró las caderas y le escupió en el agujero antes de clavarle la verga de una sola estocada que la dejó sin aire. Jill se retorció entre gritos, sintiendo cómo el juguete de su boca le resbalaba entre los dientes mientras el coño y el culo le ardían al unísono, llenos hasta el borde de carne palpitante. Las embestidas eran brutales, con cada golpe de cadera haciendo que sus tetas pesadas se sacudieran como gelatina y sus jugos chorrearan por las piernas, mojando el suelo de látex donde las tres se retorcían en un mar de sudor y gemidos. No pasó mucho antes de que Jill sintiera el primer chorro de leche caliente llenándole el coño por dentro, seguido de cerca por la corrida espesa que le inundó el culo hasta rebosar, escurriendo por sus muslos en hilos blancos que le dejaron las piernas pegajosas. Las dos putas se corrieron sobre ella al mismo tiempo, gimiendo como locas mientras sus cuerpos se sacudían en espasmos, dejando a Jill desmadejada sobre el suelo, con el coño y el culo goteando leche y jugos en un charco que brillaba bajo la luz roja de la habitación cosplay.