Jovencita asiática baila con el culo mojado en la cama
Desde que la vio por primera vez en el colegio con esos pechitos pequeños y ese culito prieto que le volvía loco, no podía sacársela de la cabeza. La chica, recién cumplidos los dieciocho, se había convertido en su obsesión nocturna, sobre todo cuando se enteró de que en su cuarto hacía cosas que ni imaginaba. Esa noche, después de que él le mandara un mensaje pidiéndole que se grabara bailando sola, no lo dudó ni un segundo: se desnudó hasta quedarse en bragas, se echó un chorro de lubricante en los dedos y empezó a mover las caderas como si el mundo se fuera a acabar. Se pasó la lengua por los labios carnosos mientras se agachaba para dejar que los pechos diminutos asomaran por encima del sujetador de encaje, y no tardó en notar cómo el coño le ardía de ganas. Con una mano se sobaba el clítoris mientras con la otra se metía dos dedos bien adentro, gimiendo como una puta en celo al sentir lo empapada que estaba. La cámara captó cada gemido, cada suspiro ahogado, cada vez que se doblaba hacia adelante para que ese culito redondo y apretado se le marcara más con el movimiento. Se le escapó un gritito cuando se corrió por primera vez, pero no paró ahí: siguió bailando, ahora con los muslos temblorosos, mientras se frotaba el coño con más fuerza hasta dejar el colchón lleno de sus babas. La imagen de sus bragas empapadas pegadas al culo era más de lo que podía resistir, así que se quitó el tanga de un tirón y se quedó completamente desnuda, con las piernas abiertas y los dedos enredados en ese chichi pequeño pero bien jugoso que tanto le gustaba imaginar. Se corrió otra vez, esta vez con un chorro que le salió disparado entre las piernas, mojando las sábanas mientras seguía moviendo las caderas como una posesa. Al final, exhausta pero satisfecha, se dejó caer sobre la cama, con el cuerpo brillando de sudor y el coño palpitando de los últimos coletazos del orgasmo. La grabación terminaba con ella lamiéndose los labios, sonriendo como si supiera que esa no sería la última vez que la verían así, bailando sola para él.