Jovencita delgada con nalgas perfectas disfruta una dura penetración anal
Agarré su culo pequeño pero duro, aquel que se meneaba frente a mí como un imán, y empujé mi polla gorda contra su agujerito apretado. Ella gimió bajito, mordiéndose el labio, mientras yo la agarraba de la cintura y la hacía arquearse para entrar más hondo. Cada vez que escuchaba pasos en el pasillo, frenaba y le tapaba la boca, pero ella empujaba hacia atrás, pidiendo más, su coñito mojado chorreando de excitación. La empotré contra la pared, escuchando cómo los muebles chocaban, y ella ahogó un grito cuando mi verga la abrió de par en par. '¿Y si entra alguien?', susurró, pero su voz temblaba de ganas. Le dije que si venían, la haría correrse más fuerte para que no pudieran ignorar sus gemidos. El riesgo de ser pillados nos volvía más salvajes, y cuando empecé a bombearla sin piedad, sus nalgas golpeaban contra mí con un sonido carnal. 'Más duro', me pidió, y yo obedecí, clavándosela hasta que sus piernas flaquearon. 'Puta, te encanta que me la claven por detrás', le solté, y ella solo pudo asentir, mordiendo la almohada para no gritar. Al final, cuando me corrí en su culo, ella estuvo tan mojada que mi leche le goteó por los muslos. 'La próxima vez, en el sofá', me desafió, y yo solo reí, sabiendo que ambos estábamos tan locos como para repetirlo.