Keila recibe leche en la boca y Steff traga mi corrida
Keila llevaba días con el culo bien prieto y la boca lista para chupar pollas grandes cuando la invité a la casa de Steff. Al entrar, la muy puta se tiró contra mí con los labios rojos y brillosos, mordisqueando la punta de mi verga mientras sus tetas botaban bajo la blusa ajustada. Steff, con su culona bien marcada en esos shorts cortos, no pudo resistirse y se arrodilló a su lado para empezar a mamársela sin piedad. Entre gemidos guturales, Keila se dejó empalar contra el sofá, con las piernas abiertas mostrando un coño empapado que chorreaba solo de imaginarse la polla monstruosa metiéndosele hasta las entrañas. Steff, loca por probarme, se tragó cada gota de mi leche espesa mientras yo le metía los dedos en el coño para que gritara más fuerte. Keila, con la cara llena de semen, no paraba de babear y pedir más, así que la giré boca abajo y le abrí el culo de una sola embestida, haciendo que aullara como una perra en celo. Steff, con la boca aún mojada de leche, se subió encima de mí para que le metiera la verga hasta el fondo mientras Keila se dejaba llenar la boca con mi segunda corrida. Las dos putas gemían al unísono, con los cuerpos cubiertos de sudor y semen, hasta que no aguantaron más y se vinieron en una explosión de gemidos y chorros calientes que dejaron el piso hecho un desastre. Keila se limpió la cara con la lengua y Steff se tragó hasta la última gota de mi leche, dejando solo un charco brillante en el suelo y dos culos bien usados para recordar la noche.