Kendall Black se entrega a un polvo salvaje en Las Vegas
Kendall Black no aguantó más las ganas de sentirte dentro de ella. Desde que llegaron a Las Vegas, cada mirada, cada roce accidental entre sus cuerpos había sido una tortura. Sabía que esa noche no habría escapatoria, que te la ibas a follar hasta dejarla sin aliento. Cuando te acercaste por detrás y le mordiste el cuello, ella gimió fuerte, arqueando el culo hacia ti, invitándote a hundirte entre sus nalgas perfectas. La agarras de las caderas y la empujas contra la cama, sintiendo cómo su coño apretado se moja al contacto con tu polla. Te la metes de una estocada, hasta que las caderas chocan, y ella grita, clavando las uñas en las sábanas. En más de 15 minutos de escena, la haces gemir como una perra en celo, alternando entre embestidas profundas y movimientos lentos que la vuelven loca. Cuando la pones de rodillas y le agarras el pelo para follarle la boca, ella te chupa con desesperación, tragando cada gota de tu leche caliente. Al final, cuando te corres en su cara, Kendall Black solo piensa en que no quiere que esto termine, que necesita más de ti, que nunca ha sentido un placer así.