Kitana y Syndel cruzan dimensiones para una follada bestial
Sintiendo el aire electrizado de otra dimensión, mis piernas temblaron cuando ellas aparecieron frente a mí, sus cuerpos cubiertos apenas por telas que resaltaban cada curva, cada muslo prieto lista para ser devorado. Yo ya estaba mojada antes de que me tocaran, con esos ojos verdes y rojos clavados en mi polla como si fueran a arrancarme el alma a mordidas. Kitana se mordió el labio y deslizó una mano por mi espalda, sus uñas marcándome mientras susurraba algo en un idioma antiguo que hizo que mi verga palpitara. Syndel no perdió el tiempo, me empotró contra la pared con un rugido, sus tetas rebotando contra mi pecho mientras me devoraba la boca, su lengua explorando cada rincón como si quisiera memorizar mi sabor. Durante semanas me había estado provocando, mandándome fotos de sus coños depilados brilliando de humedad, rozándome en el gimnasio con esos uniformes ajustados que no dejaban nada a la imaginación, y ahora las dos estaban aquí, dispuestas a cobrarse cada segundo de tortura. Me arrodillé y chupé primero a Kitana, sintiendo cómo su clítoris hinchado latía contra mi lengua, sus gemidos llenando la habitación mientras Syndel me jalaba del pelo para que enfrentara a la otra. Sin darme descanso, me hicieron cambiar de posición, me encajaban su polla por turnos, sintiendo cómo cada embestida me empujaba hasta las pelotas, el choque de caderas resonando en el cuarto. En más de 53 minutos, no hubo tregua: me follaron en todas las paredes, en el piso, con sus dedos en mi culo mientras sus lenguas jugaban con mis pezones. Cuando ya no podía más, Syndel me dio la vuelta, me abrió de patas y me llenó hasta hacerme tocar el cuello del útero, sus uñas hundiéndose en mis caderas mientras me corría dentro. Al terminar, Kitana se limpió los labios con una sonrisa y me dijo: '¿Y ahora quién se atreve a provocarnos?'