La diosa Mari me domina con su metronomo y mi polla en su boca
Esa tarde en mi cuarto, la diosa Mari entró con su dildo en la mano y una sonrisa de puta que lo sabía todo. Me ordenó arrodillarme frente a ella mientras ajustaba el metronomo, marcando el ritmo exacto en que debía chuparle la polla de goma. Cada vez que el tictac sonaba, yo hundía la cabeza más, sintiendo cómo el látex me golpeaba la garganta hasta dejarme sin aire. Ella reía mientras me agarraba del pelo, tirando hacia atrás para mirarme a los ojos y decirme: 'Así, como una perra obediente'. Mis labios ardían de tanto esfuerzo, pero no podía parar, no con ella mirándome con esa cara de superioridad. Cuando el metronomo aceleró, mi boca ya no daba más, pero ella solo apretó más fuerte, obligándome a tragar hasta que el dildo me ahogó entero. Al final, con la saliva escurriendo por mi barbilla, ella suspiró satisfecha, pensando en lo bien que me había tenido bajo su control.