La esposa del pastor se deja follar por un feligrés en el hotel
La esposa del pastor siempre se mostraba tan recatada en la iglesia, pero nadie imaginaba que en secreto era una puta insaciable que no podía resistirse a una buena polla. Un día, después del servicio, el feligrés más joven la invitó a tomar un café en un hotel cercano, y ella, con una sonrisa pícara, aceptó sin dudarlo. En cuanto cerraron la puerta de la habitación, ella se arrancó el vestido y dejó al descubierto sus tetas firmes y su coño ya mojado de anticipación. El tipo no perdió tiempo y la empujó contra la cama, metiéndole los dedos mientras ella gemía como una perra en celo. La esposa del pastor se puso de rodillas y empezó a chupar su polla con avidez, tragando hasta el fondo mientras él le agarraba el pelo con fuerza. Luego, la volteó y la empotró contra la pared, clavándole su verga dura hasta el fondo mientras ella gritaba de placer. La cama crujía con cada embestida, y el sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación. Cuando él ya no pudo aguantar más, se corrió dentro de ella con un gruñido, llenándole el coño de leche caliente. Ella, jadeante, se lamió los labios y le pidió más, pero él ya estaba agotado. La esposa del pastor se quedó tirada en la cama, con el coño chorreando y una sonrisa satisfecha en la cara.