La hermanastra se dejó follar el culo duro en el sillón
La muy zorra llegó con ese body ajustado que le marcaba cada curva y esos tacones que hacían temblar el suelo del lobby. Mientras subíamos al cuarto, no dejaba de mirarme con esos ojos de puta hambrienta, mordiéndose el labio inferior como si ya estuviera imaginando cómo se la iba a clavar por el culo. Al abrir la puerta del hotel, el sillón tá_ntrico brillaba bajo la luz tenue, moviéndose solo como si supiera que íbamos a usarlo para algo sucio. Ella se quitó el vestido de novia en dos segundos, dejando al descubierto ese cuerpo curvilíneo con tatuajes que le bajaban por la espalda y unos muslos que parecían hechos para que los agarrara bien fuerte mientras la empotraba. Le encantó la idea de que el sillón hiciera todo el trabajo, así que se subió de espaldas, apoyando las manos en el reposabrazos mientras yo le bajaba las medias hasta los tobillos. Su culo, gordo y prieto, se abría solo ante mí, brillante por la crema que ya le había metido para aflojarlo, y cuando le metí la polla por primera vez sin avisar, soltó un gemido gutural que resonó en toda la habitación. El sillón comenzó a moverse en círculos, haciendo que su coño chorreante se frotara contra el cuero mientras yo le clavaba la verga hasta el fondo, sintiendo cómo su agujero se estiraba alrededor de mi grosor. Ella no paraba de gritar "más duro, cabrón, métemela toda", y yo no tenía piedad: le agarraba las caderas con fuerza, sus tetas rebotando al ritmo de mis embestidas mientras el líquido baboso le resbalaba por los muslos. Cuando ya no pudo aguantar más, le llené la boca de leche espesa antes de correrme dentro de su culo estrecho, sintiendo cómo se contraía alrededor de mi polla al recibir cada chorro caliente. Después, se dejó caer sobre el sillón, jadeando y con la cara roja de placer, mientras yo le limpiaba la babaza que le colgaba de la barbilla y le escupía en la boca para que se tragara los restos de mi corrida. La muy guarra aún quería más, así que le di otra vuelta para que se pusiera a cuatro patas y le metí la verga por el coño otra vez, esta vez dejando que el sillón hiciera el resto mientras yo le agarraba el pelo y le metía los dedos en la boca para que me los mamara mientras me corría dentro de su coño otra vez, llenándola hasta que el líquido le resbaló por las piernas.