Esposa madura se corre con leche caliente en las medias
La Vikki esa, con su culo prieto apretando las medias bien ceñidas y ese escote generoso que no dejaba lugar a dudas de sus tetas naturales, llevaba semanas provocando al rubio de turno con miraditas de reojo cada vez que él pasaba por el barrio con esa polla dura que se le marcaba en el pantalón. El muy cabrón no pudo resistirse cuando ella lo invitó a pasar a su casa con el pretexto de pedirle ayuda para arreglar un grifo, y en cuanto cerró la puerta, Vikki se quitó el vestido en un santiamén dejando al descubierto unas bragas de encaje negro empapadas que dejaban ver hasta el último pliegue de su coño depilado y brillante. El tipo no perdió el tiempo, la agarró de la cintura con esas manos grandes y la empotró contra la pared del pasillo, sintiendo cómo su coño mojado se abría como una flor al recibir cada embestida brutal que le hacía gemir como una perra en celo. Ella, entre gritos ahogados y uñas clavándose en los hombros del hombre, le suplicó que no se detuviera, que le diera más fuerte mientras sus medias de red se arrugaban con cada empujón que le hacía botar el culo hacia atrás. Vikki no podía aguantarse, el calor de esa polla gruesa y caliente dentro de su coño chorreante la tenía al borde del abismo, y cuando él le agarró las tetas duras y le mordió el cuello sin piedad, no le quedó más remedio que correrse con un aullido gutural, sintiendo cómo su leche espesa le llenaba el coño hasta desbordarse por los muslos mientras el rubio no paraba de embestirla, sacándole hasta la última gota de ese orgasmo que la dejó temblando contra la pared, con las piernas temblorosas y el coño palpitante. La escena terminó con Vikki desplomada en el sofá, las medias rotas y los labios hinchados de tanto chupar esa verga enorme, mientras el tipo se limpiaba el sudor de la frente y le dejaba claro que esa no sería la última vez que se vieran.