Paseo invernal en el bosque termina en una follada salvaje
El frío del bosque no era nada comparado con el calor que sentía entre las piernas cuando él me agarró de la cintura y me empujó contra un árbol. Su polla enorme ya estaba dura como roca, y sin pensarlo dos veces, me arrancó el abrigo y me bajó los pantalones, dejando mi coño bien mojado al aire libre. Empezó a chuparme los pezones mientras sus dedos jugaban con mi clítoris, haciendo que gimiera como una puta en celo. De pronto, me dio la vuelta y me empotró contra el tronco, metiéndome su verga hasta el fondo con embestidas brutales. Sentía cómo su polla me llenaba por completo, estirando mi coño con cada empujón. No podía dejar de gemir, y él me agarraba el culo con fuerza, clavando sus dedos en mi carne mientras me follaba como una bestia. El sonido de la piel chocando resonaba en el bosque, mezclándose con mis gritos y sus gruñidos. Cuando ya no aguantó más, me corrió dentro con un chorro caliente que me dejó temblando, y luego me hizo chupar su polla aún dura para limpiarla. Fue un paseo que nunca olvidaré, lleno de pasión, lujuria y un sexo salvaje en plena naturaleza.