La madrastrita japonesa me premia con su coño apretado por el diploma
La esposa de mi padre siempre me miraba con esos ojos de puta cuando me quitaba la camisa, pero nunca pensé que terminaría empotrándome contra la pared mientras me chupaba la polla como una desesperada. Desde que gané el diploma, ella no paraba de rozarse contra mí en la cocina, moviendo ese culo redondo y perfecto que tenía, hasta que una noche me agarró del cuello y me llevó a su habitación. Su coño ya estaba mojadísimo cuando me sentó en la cama y se subió encima, gimiendo como una loca mientras se clavaba mi verga hasta el fondo. Sentía sus tetas grandes rebotando contra mi cara mientras la embestía con fuerza, sus uñas marcándome la espalda y sus gritos ahogados en mi boca. Cuando me corrí dentro de ella, me apretó con sus piernas y me susurró al oído que quería que la llenara otra vez, pero esta vez contra el espejo del baño, donde podía ver cómo su culo se abría con cada embestida. La follé como una bestia, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mi polla, hasta que los dos nos vinimos juntos, ella gritando mi nombre y yo llenándola hasta rebosar. Al final, quedó tirada en el suelo, jadeando, con mi leche escurriendo por sus muslos mientras me pedía que la volviera a coger. No me negué, claro, y la dejé bien satisfecha antes de que mi padre llegara a casa.