Japonesa de culo perfecto rompe su tanga por mi polla
La japonesa de coño apretado y culo de porcelana no paraba de provocarme con sus miraditas y sus gemidos fingidos mientras jugaba a ser mi muñeca obediente. Cada vez que me arrodillaba para chuparle las tetas, ella arqueaba la espalda y me apretaba la cabeza contra su piel suave, gimiendo como una puta en celo. No aguanté más y le arranqué el tanga con los dientes, dejando al descubierto su coño bien mojado y listo para ser empotrado. La puse a cuatro patas sobre la cama y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo rebotaba con cada embestida salvaje. Ella gritaba como una loca, pidiendo más duro, más rápido, mientras yo le agarraba las caderas y la follaba como si no hubiera mañana. El sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación, mezclándose con sus gemidos desesperados y mis gruñidos de placer. Cuando ya no pude aguantar más, le llené el coño de leche caliente, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío. La japonesa se derrumbó en la cama, jadeando, con el coño todavía palpitando por la corrida que le acababa de dar. No hubo palabras después, solo el sonido de nuestras respiraciones agitadas y el olor a sexo en el aire.