La milf sirena lo enloquece con sus tetas al chapuzarse
El muy cabrón se escondió entre los arbustos del jardín trasero de la casa de la vecina, solo para ver cómo la cuarentona se quitaba el vestido ajustado y se lanzaba a la piscina con ese par de tetas gigantes que le hacían babear cada vez que se agachaba a recoger las cervezas frías. Pero lo que no esperaba era que, al sumergirse, su piel se cubriera de escamas brillantes y de su boca saliera un gemido gutural mientras sus pezones se endurecían bajo el agua fría. Ella lo había pillado espiando, pero en vez de gritar, le hizo un gesto con el dedo para que se acercara, sus labios carnosos curvándose en una sonrisa pícara mientras sus muslos se rozaban bajo el agua cristalina. Cuando él se acercó sin pensarlo dos veces, ella lo agarró de la nuca y le clavó la lengua hasta el fondo de la garganta, su aliento a fruta madura mezclado con el sabor salado del cloro. Él no pudo resistirse y le arrancó el bikini de un tirón, dejando al descubierto un coño depilado y empapado que ya goteaba por la excitación, mientras sus tetas enormes rebotaban al ritmo de sus respiraciones entrecortadas. Sin perder ni un segundo, él se bajó el pantalón y sacó esa verga dura como el mármol que llevaba horas dura imaginando cómo sería follársela, y ella, sin dudarlo, se agachó hasta poner sus labios gruesos alrededor de la punta y empezó a chupársela como si fuera lo último que haría en la vida, sus gemidos ahogados en la polla mientras las burbujas subían desde el fondo de la piscina. Cuando ya no pudo aguantar más, la empujó contra el borde de la piscina, le levantó una pierna y se la clavó hasta las entrañas, sus caderas chocando contra ese culo prieto que temblaba con cada embestida, el agua salpicando por todas partes mientras ella gritaba de placer con la boca llena de salivas espesas. La milf sirena no se quedó atrás y, con un movimiento felino, lo volteó para montarlo a horcajadas, sus tetas balanceándose como dos globos de silicona perfecta mientras cabalgaba su verga con una fuerza que lo dejaba sin aire, sus jugos mezclándose con el agua de la piscina en un remolino de placer puro. Cuando el orgasmo los alcanzó a los dos al mismo tiempo, ella se corrió a chorros sobre su polla, su coño apretando como un torno mientras él le vaciaba toda la leche hasta dejarla llena, sus cuerpos temblando enredados bajo el sol que quemaba sin piedad en el patio trasero.