La rubia tetona le dio la mejor propina a Johnny Love
—'¿Seguro que no quieres pasar un rato?'— me dijo Trixi Brooks mientras me entregaba la pizza, con esa mirada de puta que llevaba semanas poniéndome la polla dura. La muy zorra sabía que me moría por su culo redondo y esas tetas gigantes que rebotaban cada vez que se agachaba a recoger el paquete. Desde que la vi por primera vez, con ese tatuaje en la cadera y el tanga asomándose por el short ajustado, no podía dejar de imaginármela de rodillas, chupándome hasta dejarme seco. Pero hoy no se escapó: en cuanto cerré la puerta, me empujó contra el sofá y se arrodilló frente a mí, desabrochándome el pantalón con los dedos temblorosos. Su boca caliente se tragó mi verga de una sola vez, ahogando un gemido mientras sus labios carnosos me apretaban como un coño mojado. Yo le agarraba el pelo rubio, tirando hacia atrás para ver cómo se le llenaban los ojos de lágrimas mientras me la mamaba como una profesional. Sus tetas colgaban pesadas, los pezones duros como piedras, y no pude resistirme a pellizcarlos mientras ella movía la cabeza más rápido, con la saliva escurriendo por su barbilla. Cuando ya no aguanté más, la levanté de un tirón y la puse a cuatro patas, metiéndole la polla hasta las pelotas en un solo empujón. Su culo perfecto se sacudía con cada embestida, los cachetes temblando mientras gritaba mi nombre. La agarré de las caderas y la empotré contra mí, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía como un guante. Cada vez que le daba una estocada, sus tetas enormes rebotaban, los pezones rozando el suelo. Le di una nalgada fuerte, dejando la marca de mi mano en su piel blanca, y eso la hizo gemir más fuerte, pidiéndome que le diera más duro. No me hice rogar: le clavé la polla una y otra vez, hasta que su cuerpo entero temblaba y sus gritos se volvieron más agudos. Sabía que estaba a punto de correrse, pero yo no iba a dejar que se viniera sin sentirme dentro de ella. La giré de espaldas y le abrí las piernas, hundiéndome en su coño chorreante mientras le chupaba los pezones. Sus uñas se clavaban en mi espalda, marcándome mientras yo la follaba sin piedad, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba alrededor de mi verga. Cuando ya no pude aguantar más, le agarré el pelo y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de mí mientras me corría dentro de ella, llenándola hasta rebosar. Su cuerpo se arqueó, los músculos tensos, y entonces gritó mi nombre mientras se corría también, el orgasmo sacudiéndola entera. Pero yo no paré, seguí follándola hasta que las piernas le fallaron y se dejó caer sobre mí, jadeando, con el cuerpo cubierto de sudor y el coño aún palpitando alrededor de mi polla. En más de 16 minutos de escena, le di lo que llevaba semanas deseando, y ella me lo devolvió con creces, dejándome satisfecho y listo para volver a por más.