Lola Maverick se mea en público para humillarme
“¿Te gusta ver cómo me orino en público, eh?”, me dijo Lola Maverick con esa sonrisa de puta que me vuelve loco. La muy zorra sabía que me ponía verla hacer sus necesidades en lugares prohibidos, pero esta vez fue distinto: lo hizo para vengarse de mí, para restregarme en la cara que podía exhibirse sin importarle una mierda. La llevé a un barco, pensando que sería un lugar íntimo, pero ella se bajó la tanga apenas subimos y se agachó en cubierta, con sus tetas enormes rebotando mientras el chorro caliente salpicaba la madera. El sonido de su pis golpeando el suelo me puso la polla más dura que nunca, pero también me dio rabia: sabía que lo hacía para provocarme, para demostrar que podía ser más puta que yo. Le agarré el pelo y la obligué a mirarme mientras seguía meando, con los muslos temblando y el coño brillando de lo mojada que estaba. “¿Te gusta esto, cabrón?”, me escupió entre gemidos, y yo solo podía pensar en empotrarla contra la barandilla hasta que gritara mi nombre. La levanté de golpe, le arranqué el vestido y le metí dos dedos en el coño mientras le lamía los pezones duros. Ella se retorcía, pero no dejó de mear, y el líquido caliente corría por sus piernas mientras yo la penetraba con los dedos, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba con cada embestida. “¡Sí, así, cabrón, hazme sentir como una puta!”, gritó, y yo no pude resistirme. La giré contra la pared, le separé las nalgas y le clavé la polla hasta que sus muslos temblaron y su cuerpo se arqueó hacia atrás. El sonido de su piel golpeando contra la mía llenó el aire mientras la follaba sin piedad, sintiendo cómo su coño apretaba mi verga como si no quisiera soltarla. “¡Más fuerte, cabrón, rompe este coño!”, me exigió, y yo obedecí, embistiendo con todas mis fuerzas hasta que su cuerpo se sacudió con un orgasmo que la dejó temblando. Pero yo no me corrí, no todavía. La hice arrodillarse y me la chupó con esa boca de puta que tiene, mientras yo le agarraba el pelo y la obligaba a tragarme hasta el fondo. “¡Traga, puta, traga toda mi leche!”, le ordené, y ella obedeció, tragando cada gota mientras yo me corría en su garganta. Pero antes de que pudiera recuperarse, la levanté y la empotré contra la pared otra vez, follándola como si fuera la última vez. “¡Sí, así, cabrón, así!”, gritó, y yo no paré hasta que su cuerpo se quedó sin fuerzas y su coño dejó de apretarme. Pero ni siquiera entonces me detuve. La tiré al suelo, le separé las piernas y le metí la polla hasta que sus muslos temblaron y su cuerpo se arqueó hacia atrás. “¡Sí, así, cabrón, así!”, gritó, y yo no paré hasta que su cuerpo se quedó sin fuerzas y su coño dejó de apretarme. Pero ni siquiera entonces me detuve. La tiré al suelo, le separé las piernas y le metí la polla hasta que sus muslos temblaron y su cuerpo se arqueó hacia atrás. “¡Sí, así, cabrón, así!”, gritó, y yo no paré hasta que su cuerpo se quedó sin fuerzas y su coño dejó de apretarme. Pero ni siquiera entonces me detuve. La tiré al suelo, le separé las piernas y le metí la polla hasta que sus muslos temblaron y su cuerpo se arqueó hacia atrás. “¡Sí, así, cabrón, así!”, gritó, y yo no paré hasta que su cuerpo se quedó sin fuerzas y su coño dejó de apretarme. Pero ni siquiera entonces me detuve. La tiré al suelo, le separé las piernas y le metí la polla hasta que sus muslos temblaron y su cuerpo se arqueó hacia atrás. “¡Sí, así, cabrón, así!”, gritó, y yo no paré hasta que su cuerpo se quedó sin fuerzas y su coño dejó de apretarme.