La empleada tímida se soltó con mi marido y su polla enorme
Aquel mediodía en la cocina, me di cuenta de que mi marido no era el único que miraba con deseo a Elisa Sanches. La empleada, siempre tan recatada, llevaba semanas provocándome con sus blusas ajustadas y sus miradas furtivas. Hoy, sin embargo, decidió ir más allá: se inclinó sobre la mesa para servir el café, dejando que su escote generoso rozara mi brazo. Sentí cómo mi coño se humedecía al ver cómo mi marido tragaba saliva, y entonces supe que esto no terminaría en un simple roce. Cuando me acerqué a ella para "ayudarla" a limpiar, mi mano se deslizó por su culo redondo, apretado bajo el delantal. Ella no se apartó, sino que gimió bajito y me miró con complicidad. Mi marido, que ya tenía la polla dura, se acercó por detrás y me susurró al oído: '¿Ves cómo le gusta que la toquen?'. No pude resistirme: le arranqué el delantal de un tirón y la empujé contra la encimera, levantándole la falda para descubrir su tanga empapado. Mi marido no perdió tiempo en bajarse los pantalones, dejando al descubierto su verga gruesa y palpitante. Elisa se mordió el labio al verla, y yo la obligué a arrodillarse para chupársela mientras yo me sentaba en su cara, frotando mi coño mojado contra su boca. Ella lamía y succionaba con avidez, gimiendo cada vez que mi marido le metía la polla hasta la garganta. Cuando ya no pude más, la giré y la empotré contra la pared, metiéndole los dedos en el culo mientras mi marido la penetraba por detrás. Los gemidos de Elisa resonaban en toda la cocina, y yo le susurraba obscenidades al oído: 'Eres una puta, ¿verdad? Te encanta que te llenen el coño, ¿no?'. Ella solo podía asentir, con la boca abierta y los ojos vidriosos de placer. Cuando mi marido se corrió dentro de ella, Elisa gritó y se estremeció, pero yo no la dejé recuperar el aliento: la hice arrodillarse otra vez y me senté en su cara, frotándome contra sus labios hasta que me corrí en su boca. Al terminar, mi marido me miró con una sonrisa pícara y me dijo: 'Ahora sí que está bien domada, ¿no crees?'