Madrastra madura con tetas enormes y culazo le da masaje sensual
Llevaba días sintiendo su aroma a perfume barato y sudor limpio cuando se agachó para masajearle los hombros al hijastro, sus tetas enormes aplastándose contra su espalda mientras le susurraba al oído lo bien que le quedaba ese slip ajustado. Él no podía creer lo que veía: los pezones de ella, duros como balas, se marcaban bajo la tela del vestido mientras sus manos resbaladizas de aceite le recorrieron todo el cuerpo hasta terminar en la hebilla del cinturón. Antes de que pudiera reaccionar, ella se arrodilló en la alfombra del salón, le bajó el bóxer de un tirón y le lamió el culo con la lengua caliente, notando cómo el hijastro se ponía más tieso que una tabla mientras gruñía de placer. Con una sonrisa perversa, le agarró la polla con ambas manos y se la metió toda en la boca, ahogándose un poco con el grosor pero sin soltar ni un milímetro, mientras con la otra mano se sobaba el coño mojadísimo que ya le goteaba entre las piernas. Cuando él le agarró la cabeza y le empotró la garganta, ella se corrió sin poder evitarlo, el flujo le resbaló por los muslos mientras gemía con la polla aún en la boca. Pero no terminó ahí: lo empujó contra el sofá, se subió encima con el culo en pompa y le pidió que la reventara por detrás, sus cachetes temblando con cada embestida mientras él le clavaba los dedos en las caderas y le metía la verga hasta las pelotas. Los gritos se mezclaban con los crujidos de la madera del mueble y el sonido de sus cuerpos chocando una y otra vez, hasta que ella se corrió gritando su nombre y él le llenó el culo de leche caliente, resbaladiza y espesa, que le chorró por las piernas cuando la sacó. Se quedaron tirados en el suelo, jadeando, con el hijastro aún duro como una piedra y ella con el coño chorreando mientras se reía y le susurraba al oído que le encantaba que la dejara así de mojada y usada.