Madrastra pervertida me deja chuparle las axilas sudadas y correrme encima
La madastra de mi amigo se puso un vestido ajustado que dejaba ver sus tetas grandes y sus axilas peludas, y cada vez que pasaba por mi lado, me miraba con esa sonrisa de puta que sabía que me volvía loco. Un día, mientras ella se cambiaba en su habitación, me colé y la vi sudando, con el coño bien mojado y las axilas brillantes de transpiración. No pude resistirme y me arrodillé para lamerle las axilas, chupando su sudor mientras ella gemía y me agarraba del pelo. Luego me bajó los pantalones y me la chupó hasta dejarme la polla bien dura, metiéndosela hasta el fondo de la garganta mientras yo le sobaba las tetas. Cuando ya no aguanté más, me corrí en sus axilas, pintándole la piel con mi leche caliente mientras ella se reía y me decía que era su putito favorito. El olor de su sudor y el sabor de su piel me volvieron adicto, y desde ese día, cada vez que podía, me metía en su habitación para chuparle las axilas y correrme encima de su cuerpo sudado. Ella me dejaba hacer lo que quisiera, y yo disfrutaba cada segundo de su cuerpo caliente y sus tetas grandes.