Me pica los cojones una vecina caliente
Llevaba días aguantándome las ganas de clavársela a esa perra del tercero. La muy zorra no paraba de restregarse contra mí en el ascensor con esos culos prietos que se marcaban bajo el pantalón ajustado. Hoy no pudo resistirse más: me agarró de la polla por encima del pantalón y me arrastró hasta su piso gritando que me iba a hacer gritar como nunca. En cuanto entramos, me empujó contra la pared y me arrancó la camisa a tirones mientras me lamía el cuello como una loba en celo. Su coño ya olía a humedad y sudor cuando me soltó la cremallera y sacó mi verga palpitante, gruesa y roja de tanto aguardar. Sin perder un segundo, se arrodilló en la alfombra y se tragó toda mi polla hasta la garganta, ahogándose con mis pelotas mientras sus tetas se bamboleaban libres bajo el sujetador de encaje. Yo le agarré la cabeza con las dos manos y empalé su boquita sin piedad, sintiendo cómo su saliva resbalaba por mis huevos cada vez que la embestía hasta el fondo. Ella gimió con la boca llena, con esos gemidos guturales que me volvieron loco, y se quitó el sujetador de un tirón para que sus pezones duros se rozaran contra mis muslos mientras me chupaba como una desesperada. Cuando ya no pudo más, se levantó de un salto, se quitó el tanga empapado con un movimiento rápido y se apoyó en el sofá boca abajo, levantando ese culo redondo y prieto que tanto me volvía loco. Me lancé sobre ella sin avisar, le abrí bien las nalgas con las manos y le metí la polla de golpe hasta los cojones, sintiendo cómo su coño devoraba cada centímetro de mi verga sin piedad. Las embestidas eran brutales, el sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba por todo el piso, y ella no paraba de gritar cada vez que la penetraba hasta el fondo, con la cara enterrada en los cojines para no despertar a nadie. Noté cómo su coño se contraía como una tenaza alrededor de mi polla, anunciando que ya venía, así que la agarré de las caderas con más fuerza y le di las últimas embestidas profundas hasta que sentí cómo se corría gritando mi nombre, con chorros de leche saliendo disparados dentro de su coño caliente y mojado. Me quedé quieto un momento, sintiendo cómo su cuerpo temblaba mientras yo seguía descargando dentro de ella, hasta que al final salí con un último tirón y le dejé caer un hilo de semen sobre ese culo que tanto me había puesto como una moto desde el primer día. Ella se quedó jadeando, con las piernas temblorosas y los labios hinchados, mientras yo me limpiaba la polla con su tanga antes de vestirme y salir pitando antes de que su marido llegara del trabajo.