Monica me dio una venganza con su boquita caliente
Desde que me enteré de que Monica se acostaba con mi ex, supe que tenía que cobrarme esa deuda con su propio cuerpo. La encontré en su cuarto, con ese culito pequeño pero bien redondito asomando bajo su short ajustado, y no pude resistirme a entrar sin avisar. Le dije que sabía todo, que su coño ya no era solo de él, y ella se mordió el labio, sabiendo que estaba perdida. Me arrodillé frente a ella, le bajé el pantalón de una vez y le metí la lengua hasta el fondo de la garganta mientras le apretaba las tetitas tiernas con las manos. Monica empezó a gemir como una perra en celo, con la boca llena de mi saliva y su saliva mezclándose, y yo le agarré el pelo para que no se escapara. La puse a cuatro patas en la cama y le empecé a chupar el coño desde atrás, lamiéndole el clítoris hinchado hasta que empezó a temblar. Cuando ya no aguantó más, la volteé y me senté en la cama, obligándola a montarme como una yegua salvaje. Monica se movía arriba y abajo, con sus tetitas saltando y su coño apretándome la polla como si quisiera ordeñarme. Yo le agarraba las caderas para guiarla, hasta que no pude más y le disparé toda mi leche en la cara, dejándola con la boca abierta y los ojos vidriosos. Cuando terminó, miré por la ventana y vi a mi ex en el edificio de enfrente, observando todo desde su ventana. Sabía que nunca olvidaría esta escena.