Morena de cuerpo perfecto sabe chupar y gemir como una puta
Desde que la vio entrar en el bar con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva del culo, no pudo quitarle los ojos de encima. La morena se dio cuenta, sonrió con esa mirada pícara y le guiñó un ojo mientras se mordía el labio inferior, invitándolo sin decir ni una palabra. Se acercó con movimientos lentos, rozando sin querer su muslo contra la polla dura que ya le apretaba los pantalones, y le susurró al oído que llevaba horas imaginando cómo se la iba a chupar. Sin pensarlo dos veces, él la agarró de la cintura y la empujó contra la pared, arrancándole un gemido ronco cuando sus labios se encontraron con los suyos en un beso húmedo y desesperado. Ella le desabrochó el cinturón con dedos ágiles, sacándole la verga palpitante que ya goteaba gotas de pre-semen por la punta, y se arrodilló sin dudar mientras le lamía el glande con la lengua caliente y juguetona. La morena no se conformó con chupársela como una novata, sino que se la metió hasta la garganta de golpe, ahogándose un poco pero sin retroceder, mientras sus tetas naturales y firmes se balanceaban cada vez que movía la cabeza con fuerza. Él le sujetó la nuca con ambas manos y empezó a embestirle la boca con movimientos bruscos, sintiendo cómo el coño le ardía de solo imaginarse lo que le haría después. Cuando por fin se la sacó, ella se lamió los labios con una sonrisa perversa y se quitó el vestido de un tirón, quedando completamente desnuda para él, con el coño ya empapado y los pezones duros como piedras. La tumbó en el sofá del reservado del bar y le abrió las piernas de un golpe, clavándole la polla hasta el fondo de un solo empujón que le hizo gritar como una loca, con la espalda arqueada y las uñas clavadas en el cuero del mueble. No pasó ni un minuto antes de que empezara a correrse, empapándole la polla con sus jugos mientras él la follaba sin piedad, empotrándola contra el asiento con cada embestida profunda y ruidosa. Los gemidos de ella se mezclaban con los golpes de cadera contra su culo, y cuando por fin se corrió dentro de ella con un gruñido animal, ambos quedaron temblando, sudados y exhaustos, sabiendo que esa noche no sería la última vez que se vieran.