Nagi se deja empotrar de perrito con ese culo perfecto
Nagi te mira con esos ojos de puta mientras se inclina, ofreciéndote ese culo redondo y prieto que te vuelve loco. Sientes cómo sus nalgas firmes rebotan contra tus muslos cada vez que la embistes, y ella ahoga los gemidos mordiendo la almohada para que nadie escuche. El riesgo de que su marido llegue en cualquier momento te pone más duro, y por eso la agarras de las caderas con fuerza, hundiendo la polla hasta que sus muslos tiemblan. Ella se retuerce, jadeando, mientras tus dedos se clavan en su carne suave, marcando cada embestida. Escuchas pasos en el pasillo y por un segundo se paralizan, pero el peligro solo los excita más. Cuando por fin te corres, lo haces con un gruñido ahogado, llenándole ese culo perfecto hasta que el semen le resbala por los muslos. La próxima vez, no habrá tiempo para esconderse...