Puta colombiana destroza mi garganta al revés
Lleva la cabeza colgada como una muñeca rota mientras sus ojos cafés se llenan de lágrimas de placer, la lengua afuera y babas gruesas resbalando por su barbilla que no para de gemir con cada embestida brusca. Él le agarra la nuca con las dos manos, hundiendo su verga hasta la garganta mientras ella tose pero no se aparta, solo aprieta los labios para no ahogarse mientras la polla le estira los carrillos hasta hacerlos temblar. La saliva le corre por el cuello como un río espeso, mezclándose con el sudor que le empapa el pelo negro mientras él la usa sin piedad, empujando tan hondo que su nuez se mueve en sincronía con los golpes. La puta colombiana no puede más que dejar que la trate como un juguete sucio, con la boca bien abierta y los senos pequeños rebotando por los tirones que le da del pelo, los pezones duros como piedras bajo su camiseta ajustada que ya no le importa manchar de babas. Cada vez que saca la verga para que respire, ella escupe un hilo de saliva que cae en su propia teta y él le limpia con el glande antes de volver a empotrarle la garganta hasta que los ruidos de arcadas se mezclan con los jadeos ahogados. La cara se le pone morada de la presión, los ojos vidriosos y las pestañas pegadas de tanto babear, pero no suelta ni un quejido de rechazo, solo sigue tragando como si su vida dependiera de eso, con la polla bien dura metiéndosele hasta las amígdalas sin piedad. Él le agarra los pechos desde atrás, apretando esos pezones que ya le duelen de tanto tironear, mientras ella arquea la espalda como si estuviera a punto de correrse solo de tener la boca llena. Cuando por fin la suelta un segundo para que respire, la muy puta se lanza otra vez sobre el glande con los labios rojos e hinchados, chupando con desesperación hasta que él le llena la boca de leche espesa que le resbala por la barbilla sin que ella pueda evitar tragar a medias, con la garganta aún convulsionando de los embates anteriores. La escena termina con ella escupiendo los últimos chorros de semen en su propia mano, los ojos brillantes y el coño mojado de solo pensar en lo que acaba de aguantar, mientras él le limpia los restos con el dedo antes de darle un cachetazo en la mejilla que le hace saltar un hilo de baba entre los labios.