Rubia cachonda recibe polla brutal en la cama
Kagney Linn Karter se mordía el labio inferior mientras se pintaba los pezones con un aceite brillante, los pechos enormes le temblaban de anticipación al escuchar los pasos de Nacho Vidal acercándose por el pasillo. Él no esperó ni un segundo más, la agarró del pelo con fuerza y le metió la lengua hasta la garganta, saboreando el dulce sabor de su coño recién depilado que ya olía a excitación pura. Ella gimió con voz ronca al sentir cómo sus dedos gruesos le apretaban las tetas mientras le chupaba los pezones, duros como piedras, hasta dejarlos brillantes por la saliva. Nacho no perdió tiempo, la tumbó boca arriba y le abrió las piernas de par en par, dejando al descubierto su concha rosada y empapada que brillaba bajo la luz de la mesita. Con un empujón brusco le enterró la polla hasta el fondo, arrancándole un alarido de placer cuando las pelotas le golpearon el culo redondo. Ella se aferró a las sábanas con los puños mientras él la empotraba con embestidas brutales, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación junto a sus gemidos desesperados. Nacho le agarró las caderas con ambas manos y la levantó como si no pesara nada, clavándole la verga hasta el útero mientras le gritaba que se corriera en su boca. Kagney no pudo resistirse, el coño le ardía como fuego y el clítoris le palpitaba sin control mientras el líquido le resbalaba por las nalgas al correrse a chorros. Nacho aceleró el ritmo hasta que se le tensaron los huevos y, con un rugido animal, le disparó la leche caliente bien adentro, llenándole el vientre de semen mientras ella seguía jadeando, temblando y con los ojos en blanco. Cuando por fin se separaron, él le lamió los muslos para recoger los restos de corrida que le resbalaban por las piernas, mientras ella le susurraba al oído que quería que la follara otra vez hasta que no pudiera caminar.