Sargento se follaba a la puta de la base mientras todos dormían
El sargento ya no aguantaba más las miradas de la puta que trabajaba en la cafetería de la base, con sus tetas bien grandes y el culo respingón que se le marcaba bajo el uniforme ajustado. Cada vez que pasaba cerca de él, la muy zorra movía las caderas y le sonreía con cara de que quería polla ya. Una noche, cuando todos en los barracones dormían, el sargento la arrastró hasta el almacén de provisiones, le arrancó el uniforme y la tiró sobre una mesa de madera, su coño ya mojado y listo para ser relleno. Le metió la polla hasta el fondo mientras ella gemía como una perra en celo, agarrándole los hombros y pidiendo más duro. El sargento le empotraba con fuerza, haciendo que la mesa chirriara y que los vasos en las estanterías temblaran con cada embestida. La puta se mordía los labios para no gritar, pero los gemidos le salían solos cuando sentía cómo la polla del sargento le rozaba el punto G. Con las nalgas al aire y el culo bien apretado, ella no podía más que recibir cada embestida como una puta bien follada. Al final, el sargento se corrió dentro de ella, llenándole el coño con su leche caliente mientras ella temblaba de placer. Cuando salieron del almacén, nadie sospechó nada, pero la muy zorra ya sabía que esa no sería la última vez.