Sirvienta sumisa se deja dominar y ahogar con su polla enorme
La sirvienta nueva del barrio no podía dejar de mirar fijamente al dueño de la casa cada vez que él se quitaba la camisa para trabajar en el jardín. Sus ojos azules brillaban con una mezcla de miedo y excitación cuando él la agarró del pelo y la empujó contra la pared, metiéndole su polla dura hasta la garganta. Ella gimió ahogada mientras él le tapaba la boca con su mano, sintiendo cómo su coño se mojaba cada vez más con cada embestida brutal. Él la obligó a arrodillarse y chupar su verga como una puta obediente, golpeándole el culo con fuerza mientras ella tragaba su leche caliente. La humillación la excitaba tanto que no podía dejar de mover las caderas, pidiendo más aunque sabía que no tenía derecho a hablar. Él la ató con cuerdas y la folló por detrás, sintiendo cómo su culo apretado lo apretaba con cada empujón. Cuando terminó, la dejó tirada en el suelo, con la boca llena de su corrida y el coño chorreando de lo mojada que estaba. La sirvienta sabía que al día siguiente volvería a pedir más, porque su cuerpo ya no le pertenecía a ella, sino a él.