Follando el culo de la puta con un puño bien duro
La zorra blanca de piernas abiertas no podía creer que su cuerpo aguantara tanto, pero ahí estaba, empalada hasta el fondo mientras su coño goteaba de excitación. Él le metió el puño entero sin piedad, estirando su agujero hasta que se puso rojo y brillante, mientras ella gemía como una perra en celo. La muy puta se retorcía, pero no podía escapar, atada de pies y manos, solo podía recibir cada embestida con la boca abierta, chupando su polla cuando él se la acercaba. El sonido de su culo chasqueando contra su mano era música para sus oídos, y cuando por fin se corrió, lo hizo con un chorro espeso que le llenó la garganta. La muy zorra tragó hasta la última gota, con lágrimas en los ojos y el culo bien abierto, lista para más. No había nada más satisfactorio que verla así, completamente dominada, suplicando por más aunque su cuerpo ya no podía aguantar. La muy puta sabía que no había escapatoria, solo placer extremo y dolor mezclado, justo como a ella le gustaba. Y cuando él sacó el puño, su agujero quedó tan abierto que parecía una luna llena, temblando con cada respiración. La muy zorra no podía ni hablar, solo gemir y mover las caderas, buscando más aunque su cuerpo ya no podía soportarlo. Pero él no tenía piedad, y volvió a meterle el puño, esta vez más fuerte, hasta que ella explotó en un orgasmo brutal, sacudiéndose entera mientras su coño se contraía sin control. La muy puta estaba hecha un desastre, pero no podía parar de gemir, pidiendo más aunque ya no podía moverse. Él la dejó así, temblando y mojada, con el culo bien abierto y la boca llena de su leche, sabiendo que nunca olvidaría esa noche. La muy puta había sido suya por completo, y eso era lo más excitante de todo.