Daisy Ducati atada gritando con placer intenso
Lleva un body ajustadísimo de licra brillante que le marca cada curva del culo prieto y los pechos redondos, y cuando la veo así no puedo evitar que se me ponga la polla dura como una piedra al instante. Le amarro las muñecas a la espalda con unas esposas de cuero suave pero resistente, sintiendo cómo se retuerce contra mí mientras le susurro al oído lo que le voy a hacerle hasta que los gemidos se le escapan entre los dientes apretados. Con un movimiento rápido le bajo la cremallera lateral del body hasta dejarle los pezones al aire, duros y rosados, y sin perder tiempo le chupo uno mientras le clavo dos dedos bien empapados en el coño que ya está empapado y goteando por las ganas. Ella jadea y arquea la espalda, pidiendo más con ese culito moviéndose desesperado, así que le meto la polla hasta el fondo sin avisar, arrancándole un grito ahogado que resuena en las paredes de latex del cuarto. Las embestidas son brutales, cada golpe hace que el body se le suba hasta dejarle el culo al descubierto, blanco y tenso, listo para recibir cada nueva estocada que le hace soltar chorros de leche caliente por los muslos mientras se corre sin piedad. Las correas le aprietan los brazos, pero no le impiden agarrarse a mis hombros con las uñas clavadas mientras le lleno la boca de babas y gemidos, y cuando por fin me corro dentro de ese coño estrechísimo que no para de contraerse alrededor de mi verga, ella se queda temblando, los labios hinchados y los ojos vidriosos, completamente rendida al placer que le he dado con cada centímetro de mi cuerpo.