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Suegra caliente me empotra en el hotel de lujo

5:01 1080P 0 Latinas
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Estúdio Luixloo
Atores AbregoLena

Desde que se quedó viuda, mi suegra no paraba de mirarme el bulto cada vez que me quitaba la camisa en casa, pero nunca imaginé que en aquel viaje a Cancún se armaría el puterío más caliente que he vivido. La primera noche en la suite presidencial, después de dos copas de tequila bien cargadas, empezó a sobarme el muslo con esos dedos largos y llenos de anillos que me recordaban a su difunto marido. Me dejó helado cuando me soltó con voz ronca: 'Hijo, hoy vas a saber lo que es una mujer que sabe follar', mientras se desabrochaba el vestido de seda dejando al descubierto esos pechos firmes y esos pezones duros como piedras que me volvieron la boca agua. Antes de que pudiera reaccionar, ya tenía mi polla en su boca caliente y experta, chupándome con una maestría que me hizo gemir como un animal mientras me agarraba del pelo teñido de rubio ceniza. Cuando por fin me soltó con un chasquido de labios húmedos, me empujó contra la pared de mármol del baño y se quitó el tanga negro de encaje que escondía un coño depilado y brillante de jugos. 'No te preocupes, cariño', susurró mientras me guiaba la verga hacia su entrada estrecha, 'que tu suegra no es ninguna novata'. La primera embestida fue brutal: su culo prieto y redondo me recibió con un sonido húmedo y pegajoso que resonó en el baño de mármol mientras ella gritaba como una puta en celo. Me empotró contra el lavabo con tanta fuerza que los espejos temblaron, sus tetas rebotando cada vez que su culo chocaba contra mi pelvis, y el olor a coño mojado y a perfume caro me nubló los sentidos. Entre gemidos y maldiciones, me corrí dentro de ella con un chorro espeso que le salió por las piernas, manchando el piso de mármol blanco mientras ella se retorcía de placer apretando mi verga cada vez que el orgasmo la recorría. Cuando por fin nos separamos, sudados y jadeantes, ella se limpió con mi camisa arrugada y me susurró al oído: 'Esto queda entre nosotros, ¿no?'. Pero en el fondo, ambos sabíamos que la próxima vez no haría falta ni un trago para que esto volviera a pasar.

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