Tatuado con polla enorme en jacuzzi público
El tipo tatuado no se quitó la camiseta ni para meterse al jacuzzi, pero cuando vio cómo se le marcaban los músculos bajo la tela mojada supo que ella no resistiría. Ella ya llevaba días imaginando cómo sería sentir esa polla enorme entre sus muslos mientras el agua burbujeante les llegaba hasta la cintura, así que cuando él se acercó con esa sonrisa de depredador y le susurró al oído que no llevaba ropa interior, ella solo jadeó y se dejó caer contra el borde de la bañera. Las manos grandes de él le agarraron las caderas con fuerza, levantándola como si no pesara nada, y antes de que pudiera reaccionar la tenía sentada sobre su regazo con la polla dura clavada entre sus nalgas, rozándole el coño mojado sin piedad. Ella gimió fuerte cuando él la empaló de un tirón, sintiendo cómo se le abría por dentro al ritmo de sus embestidas brutales mientras el agua salpicaba por todos lados. Él le mordisqueó el hombro tatuado, gruñendo que quería escucharla gritar su nombre, y ella no tardó en obedecer, jadeando obscenidades entrecortadas mientras él la embestía más y más rápido. Los gemidos se mezclaban con el burbujeo del jacuzzi, sus cuerpos resbaladizos por el sudor y el agua caliente, los tatuajes de él brillando bajo las luces mientras sus caderas chocaban contra su culo con sonidos húmedos y obscenos. Él le metió los dedos en la boca para que los chupara mientras seguía follándosela sin piedad, sintiendo cómo el coño le apretaba la verga con cada envite hasta que ya no pudo aguantar más. Con un gruñido ronco la llenó hasta el fondo, descargando su leche caliente bien dentro de ella mientras ella se corría gritando, las piernas temblorosas alrededor de su cintura y los pezones duros como piedras contra el frío del mármol. El agua volvió a calmarse pero sus respiraciones seguían entrecortadas, los cuerpos pegajosos y satisfechos, él con la sonrisa de satisfacción y ella con la mirada perdida de quien acaba de vivir el mejor polvo de su vida.