Te masturbo rico mi amor, dame tu leche caliente
Te voy a contar cómo mi novio y yo convertimos el dormitorio en nuestra zona de guerra sexual, donde yo me encargué de demostrarle que su polla no era tan resistente como él creía. Desafié a ese cabrón a aguantar mientras le sacaba hasta la última gota de leche de sus bolas, y créeme, no le quedó otro remedio que correrse como un puto perro en celo. Me encantó sentir cómo su verga tiesa se endurecía más entre mis manos mientras lo masturbaba despacio, disfrutando del contraste de mi piel suave contra su piel caliente. ¿Te has fijado alguna vez en lo bien que se ve un hombre cuando está al borde de estallar? Sus gemidos se volvieron más fuertes, sus caderas empujaban hacia adelante, y yo solo sonreía, sabiendo que era mi coño apretado lo que lo tenía al borde. Hasta que no pudo más y me pintó la cara con su leche espesa, dejándome marcados los labios y la barbilla. La cama quedó hecha un desastre, con manchas blancas en las sábanas y la almohada tirada en el piso. Y lo mejor de todo, su orgasmo fue tan intenso que ni siquiera alcanzó a limpiarse antes de desplomarse en la cama, jadeando como si le hubieran quitado el aire. A veces me pregunto si realmente sabe lo que es una mujer que domina, pero prefiero no decírselo... aún.