Te visto de putita y te hago chupar mi verga dura
Desde que te vi esta mañana con ese vestido ajustado que te marca cada curva del culo, no pude sacarte de la cabeza ni un segundo... Te acerqué con mi mejor sonrisa de depredador mientras sostenía el arnés negro con un consolador grueso colgando, listo para meterle hasta el fondo a tu boquita ansiosa. Te ordené que te arrodillaras sobre la alfombra del salón sin rechistar, con las tetas bien pegadas al suelo y el culo en pompa, mientras yo me desabrochaba el pantalón dejando salir mi polla ya dura como el mármol, con las venas palpitando bajo la piel. No te resististe cuando te agarré de la nuca y te empujé la cabeza contra mi entrepierna, sintiendo cómo tu lengua húmeda y caliente se enroscaba alrededor de mi glande mientras gemías con la boca llena. Cada lengüetazo que dabas me ponía más borracho de placer, tus labios rojos y carnosos dejando marcas de lápiz labial en mi verga mientras me tragabas hasta la garganta, ahogándote con mis embestidas lentas pero profundas. Te obligué a mirarme a los ojos mientras te ahogabas con mi polla, con tus tetas rebotando cada vez que te empujaba más adentro, hasta que tus ojos se llenaron de lágrimas y tu coño empezó a gotear por el simple hecho de sentirte usada como una zorra. Cuando ya no pudiste más, te levanté del pelo y te tiré sobre el sofá boca abajo, con las medias rasgadas y el tanga empapado pegado a tu rajita, mientras yo me ponía el arnés y te apuntaba con ese juguete grueso que te iba a reventar por dentro. Te di una cachetada en el culo y te susurré al oído que te iba a empalar como la puta que eres, y cuando sentiste el frío del dildo rozando tu entrada temblorosa, no pudiste evitar soltar un grito de anticipación mezclado con puro morbo. La primera estocada te dejó sin aire, con tus uñas arañando los cojines mientras tu coño se contraía alrededor del juguete, chorreando como una fuente cada vez que lo sacaba casi por completo para volver a enterrarlo hasta el fondo sin piedad. Gemías como una perra en celo, con los muslos temblando y la espalda arqueada, pidiendo más a gritos aunque ya no podías articular palabra. Cuando por fin te corriste, fue con un espasmo brutal que te dejó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y el maquillaje corrido, mientras yo me sacaba el arnés y te escupía en la cara para marcarte como mía. Te dejé tirada ahí, con la boca llena de semen y el coño chorreando, sabiendo que la próxima vez te vestiría de colegiala y te obligaría a chupar mi verga hasta que no te quedara ni una gota de saliva.