Tres amigas aburridas se ponen cachondas en su casa
Llevaban horas viendo películas románticas sin pasar ni un calentón, así que Ana propuso algo más excitante: '¿Y si nos quitamos la ropa y nos probarnos todas?' Sofía no se hizo de rogar, le arrancó el vestido a Carla de un tirón y le mordisqueó el cuello mientras sus manos se colaban entre sus piernas para sentir lo empapada que estaba. Entre risitas nerviosas y gemidos ahogados, las tres se lanzaron sobre la cama, donde los dedos de cada una exploraban con avidez los coños ajenos, lamiendo, chupando y mordiendo los pezones que se endurecían al instante. Carla, la más fogosa del grupo, empujó a Luci contra la pared y le levantó las piernas para empalarla contra el espejo del recibidor, haciendo que el cristal vibrase con cada embestida profunda mientras Luci gritaba de placer al sentir cómo el clítoris de Sofía le rozaba el muslo. Los juguetes no tardaron en aparecer: un vibrador rosa se hundió en el coño de Ana mientras Sofía lamía su culo con lengua experta, arrancándole jadeos que resonaban en toda la casa. Los fluidos se mezclaban entre las piernas abiertas, los cuerpos resbaladizos por el sudor y el deseo, y en menos de media hora las tres corrían la misma carrera hacia el orgasmo, apretando cuerpos y bocas en un remolino de piel, saliva y gemidos. Cuando por fin se dejaron caer sobre la alfombra, exhaustas y con las piernas temblorosas, aún quedaban fuerzas para un último beso húmedo y una corrida colectiva que las dejó a todas con la ropa interior hecha trizas y los cuerpos saciados pero ansiosos por más.