Alexandre y Jefferson se follan al aire libre en Brasil
—No podemos hacer esto aquí, alguien nos puede ver— susurra Jefferson mientras te agarra del culo con fuerza, pero sus palabras no convencen a nadie. La tensión entre ustedes es eléctrica, el sol quema sobre sus cuerpos sudorosos, y el peligro de ser descubiertos solo los excita más. La polla de Alexandre ya está dura como roca, rozándose contra tu ropa interior ajustada, y sientes cómo late contra tu piel. Te inclinas para chupársela con ganas, saboreando el pre-cum salado que escapa de su punta, mientras Jefferson te desabrocha el pantalón y te baja los calzoncillos de un tirón. Sus manos grandes te agarran las nalgas, separándolas para que Alexandre pueda meter los dedos en tu agujero, que ya está mojado de anticipación. Te muerdes el labio para ahogar un gemido cuando él te penetra con dos dedos, moviéndolos en círculos que te hacen temblar. Alexandre te empuja contra Jefferson, y sientes cómo su verga gruesa se frota contra tu espalda mientras te inclinas para recibirla. —Dame esa polla, puta— gruñe Alexandre, y te la metes hasta las pelotas de una sola embestida, sintiendo cómo te estira por dentro. Jefferson te agarra del pelo, obligándote a mirarlo mientras te follan, y ves el deseo prohibido en sus ojos. —No pares, no pares— gimes, aunque sabes que esto está mal, que podrían pillarlos en cualquier momento. Pero no puedes detenerte, no cuando sientes a Alexandre embistiéndote con fuerza, sus bolas golpeando contra tu culo cada vez que se clava hasta el fondo. Jefferson te besa con furia, mordiéndote los labios mientras te masturba al ritmo de las embestidas, y sientes cómo el placer crece en tu vientre, listo para estallar. Alexandre acelera el ritmo, sus gemidos se vuelven más desesperados, y sabes que está a punto de correrse. —Me voy a venir— gruñe, y te agarra de las caderas con fuerza, clavándosela una última vez antes de explotar dentro de ti, llenándote de su leche caliente. Sientes cómo se derrama en tu interior, caliente y espeso, mientras Jefferson te masturba más rápido, llevándote al borde. —Córrete para mí— ordena, y no puedes resistirte. Te vienes con un gemido ahogado, el placer recorriéndote como un relámpago, y sientes cómo tu semen se mezcla con el de Alexandre, manchando el suelo bajo tus pies. El sol sigue brillando, el aire sigue caliente, y sabes que esto no debería haber pasado, pero no te importa. Solo quieres más.