Amelia muestra su coño dulce y bien mojado en solo
Con ese culito prieto y esas tetas grandes que rebotan sin control, Amelia se masturbaba frente a la cámara mordiéndose el labio inferior mientras sus dedos resbalaban entre sus labios hinchados. Cada vez que se metía dos dedos dentro, un gemido húmedo se le escapaba de la garganta y sus caderas se movían solas buscando más fricción, como si el coño le pidiera a gritos que no parara. Se le notaba la piel brillosa de sudor cuando se quitó la blusa y dejó al descubierto unos pezones rosados y duros que se erguían como dos cerezas maduras, listos para ser lamidos o morderse con fuerza. Se pasó la lengua por los labios mientras se acariciaba los pechos, apretándoselos con ambas manos como si fueran dos frutas jugosas que solo ella podía disfrutar, y entonces se le escapó un suspiro largo cuando se dio cuenta de que la cámara la estaba grabando. Con un movimiento rápido se quitó las bragas de encaje negro y se quedó con el coño completamente rasurado, tan rosadito y reluciente que parecía recién pintado, y entonces se tiró de espaldas en la cama para empezar a frotarse con más fuerza. Los muslos le temblaban cuando se metió tres dedos de golpe y empezó a mover la mano como si estuviera ordeñando algo, pero lo que más excitaba era ver cómo su clítoris se hinchaba cada vez que se acercaba al orgasmo, brillando bajo la luz de la habitación. Se corrió con un grito ahogado, mordiendo la sábana mientras sus jugos le resbalaban por las nalgas, y después se quedó ahí, jadeando y con los ojos entrecerrados, como si no pudiera creer lo bien que le había sentado ese momento de placer en solitario.