Mamadera asiática se traga hasta la última gota de leche caliente
Esta morena de piel dorada llevaba días coqueteando con su mirada, pero hoy se le fue la pinza del todo y se lanzó a chupársela sin piedad. Con esa boquita dulce y esos labios carnosos que tanto me ponían, se agachó sobre mi polla bien dura y empezó a lamerme el glande con ganas, dejando que se le escapara un gemidito de lo más excitante mientras me miraba con esos ojos traviesos. No pasó ni un segundo antes de que se la metiera entera en la boca, ahogándose un poco al principio pero sin rendirse, hasta que al fin logró tragársela hasta el fondo con un movimiento de garganta que me dejó sin aliento. Mientras me devoraba con esa lengua experta, me agarraba los huevos con una mano y me los apretaba suave, como probando si podía con todo el paquete. Cada vez que me los masajeaba, sentía cómo se le humedecían más las bragas y cómo se le ponían los pezones duros como piedras bajo el vestido ajustado que llevaba puesto. Le encantaba sentirme en su garganta, así que no tardó en empezar a mover la cabeza arriba y abajo, haciendo que se me escaparan gruñidos roncos de lo más sucio. De repente, me agarró del pelo con fuerza y me metió la polla hasta la garganta una y otra vez, como si quisiera que le llenara la boca hasta ahogarla, mientras con la otra mano se frotaba el coño por encima de las medias, mojándose cada vez más. No pudo aguantar más y se corrió con un gritito ahogado, con la boca llena de mi verga y los muslos temblando de placer. Pero no terminó ahí: se limpió los labios con la lengua, me miró con esa cara de puta hambrienta y volvió a metérsela hasta el fondo, esta vez sin piedad. Las embestidas en su garganta eran profundas y brutales, y cada vez que se ahogaba un poco, sacaba un hilito de babas que le caían por la barbilla mientras intentaba tragársela entera de nuevo. Al final, sin avisar, me agarró fuerte de las caderas y me metió la polla hasta el fondo de la garganta, manteniéndola ahí mientras se corría otra vez, esta vez con mi leche caliente llenándole la boca hasta que no cupo más y empezó a salirle por las comisuras. Se tragó hasta la última gota, limpiándose después con la lengua y mirándome con esa sonrisa pícara que solo tienen las putas que saben lo que hacen.