Amiga despierta a mi marido con el coño en mi verga
Ella entró en el cuarto como si fuera suya, sin avisar, con esa sonrisa pícara que solo una puta de verdad sabe esconder bajo su carita de inocente. El muy cabrón ni se inmutó cuando la vio sentarse encima de su polla dura como un palo, con esa tanguita fina que ya estaba empapada de sus jugos antes de que él abriera los ojos. Le agarró la cintura con fuerza y le clavó las uñas en la espalda mientras le susurraba al oído lo mucho que extrañaba que le metiera ese tronco hasta el fondo. Él le respondió empujando con las caderas, sintiendo cómo su coño caliente y estrecho se ajustaba a cada centímetro de su verga sin condón, piel con piel, como a los dos les encantaba. Ella echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido gutural que resonó en toda la casa, mientras sus tetas pequeñas y firmes botaban al ritmo de los empellones brutales que le estaba dando. La cama crujía cada vez que él la embestía con fuerza, su culo redondo y prieto rebotando contra sus muslos con un sonido húmedo que los volvía locos. Ella se agachó para lamerle el cuello y le mordió el hombro con los dientes, sintiendo el sabor salado de su sudor mezclado con el aroma a tabaco barato que siempre llevaba encima. Él le agarró el pelo y le tiró de la cabeza hacia atrás para ver cómo su coño se abría y se cerraba alrededor de su polla, empapada y resbaladiza, tragándosela entera con cada subida y bajada. Los jugos le resbalaban por los muslos y caían en el colchón, mojando las sábanas mientras ella se contoneaba como una perra en celo, pidiendo más y más a gritos. Él no pudo aguantar mucho, sintió cómo su verga se engrosaba dentro de ella y cómo su coño se contraía como un puño alrededor de su tronco, avisándole que ya no había vuelta atrás. Se corrió dentro de ella con un gruñido ronco, llenándola de leche bien espesa mientras ella se retorcía de placer, sintiendo cada chorro caliente golpear contra su matriz. Cuando por fin se separaron, él le pasó la mano por el culo sudoroso y ella le sonrió con esa mirada de puta satisfecha que lo decía todo: no importaba si eran amigos o no, lo que acababan de hacer no tenía nombre.