Caro Moncada se empala con dos pollas bien duras
Llevaba semanas viendo cómo esa morena de tetas gigantes se mordía el labio cada vez que pasaba frente a su puerta, así que no pudo resistirse cuando la vio esta tarde en el sofá con un tanga negro que apenas cubría su coño bien depilado. Al acercarse, Caro no apartó la mirada ni un segundo mientras sus dedos jugaban con el elástico de la ropa interior, dejando al descubierto su raja mojada que ya chorreaba sin pudor. Él se quitó la camisa al instante y ella no perdió tiempo: agarró su polla gruesa como un madero y se la metió hasta el fondo de la garganta, ahogándose con los gemidos mientras su saliva resbalaba por las venas hinchadas. Otro tipo apareció en la puerta con otra verga palpitante y sin mediar palabra ambos la empujaron contra el sofá, arrancándole el sujetador para dejar sus tetas enormes rebotando libres. En cuatro patas, Caro abrió bien las piernas y recibió el primer empalamiento brutal por detrás, sintiendo cómo la polla le llegaba hasta el útero mientras sus gemidos llenaban la sala. La segunda verga se coló entre sus labios hinchados y ella empezó a mamársela con desesperación, chupando con fuerza mientras sus uñas se clavaban en el sofá y su culo se movía al ritmo de las embestidas salvajes. Los dos tipos la penetraban sin piedad, uno en la boca y otro en el coño, mientras ella se corría una y otra vez, con chorros de leche caliente goteando por sus muslos y su coño empapado de sudor y jugos. Cuando por fin se dejaron caer sobre su cuerpo tembloroso, uno por cada lado, Caro no pudo evitar gritar al correrse de nuevo, con las tetas aplastadas contra el mueble y los dos penes dentro de ella bombeando hasta dejarla completamente llena. El espectáculo terminó con ella exhausta, con la cara roja de tanto gemir, el coño palpitando y los dos tipos agotados, pero satisfechos de haberla dejado como una puta bien follada.