Cassidy Luxe chupa mi verga enorme en trío acrobático
Cassidy Luxe no podía apartar la mirada de mi polla, hinchada como un mástil, mientras Elana Bunnz se retorcía en el suelo mordiéndose el labio inferior. Con unos tíos como nosotros no había tiempo que perder, así que la morena de tetas voluminosas se abalanzó sobre mi verga sin pensarlo dos veces, tragándosela hasta la garganta con un gemido que hizo temblar el espejo del baño. Elana no era de las que se quedan quietas: con sus uñas largas me arañó la espalda mientras se empalaba en mi polla como una posesa, su coño empapado chorreando jugos por cada embestida brutal. Cassidy, con su culo respingón rebotando al ritmo de sus caderas, no pudo resistirse y se lanzó a lamerle el coño a su amiga mientras yo le metía los dedos hasta el fondo, sintiendo cómo su carne se contraía alrededor de mi verga. El ambiente olía a sexo, sudor y a esa mezcla de perfume barato y lubricante que tanto me pone, y el sonido de los cuerpos chocando, de los jadeos ahogados y de los gritos de ambas no dejaba duda de que esto iba a terminar con una corrida colectiva. Cuando Cassidy se quitó el tanga de encaje y se puso a cuatro patas, con el culo en pompa y los pechos colgando como dos sandías maduras, no pude evitar clavarle la polla hasta los cojones en un solo movimiento, sintiendo cómo su carne se estremecía con cada embestida. Elana, sin perder el tiempo, se arrodilló frente a mí y me empezó a chupar los huevos con avidez, mientras sus tetas enormes rebotaban al compás de mis empujones. La escena era una locura: tetas golpeándose, nalgas temblorosas, lenguas lamiendo donde podían y mi polla enterrada hasta la raíz en el coño más apretado que había sentido en años. Cuando Cassidy se corrió con un alarido que casi me revienta los tímpanos, Elana no tardó en unirse a ella, su coño empapado de leche y jugos, mientras yo seguía empotrándolas sin piedad hasta que sentí el cosquilleo en la espalda que anunciaba mi propia corrida. Con un rugido, me vacié dentro de Cassidy, llenándole el culo de leche espesa mientras le agarraba las caderas con fuerza, sin dejar de moverme hasta que ambos quedamos exhaustos, jadeando y cubiertos de sudor y semen.