Dos tetonas desnudas fumando usando coños como ceniceros
Las dos putas estaban tiradas en el sofá de su casa, con las tetas gordas rebotando cada vez que se movían, mientras se pasaban un porro con los labios pintados de rojo oscuro. La más morena, con esos ojos cafés que te hipnotizaban y una chucha depilada que ya olía a sexo viejo, se inclinó sobre la mesa y aplastó el cigarro contra el coño de su amiga, que gemía con los muslos temblorosos y la leche ya asomando en los pezones duros. La rubia, con las areolas enormes y oscuras como monedas de cobre, le agarró la polla a su pareja con una mano gruesa y le escupió en la punta antes de metérsela hasta la garganta, ahogándose con los dedos enredados en ese pelo castaño mientras la otra le restregaba el clítoris contra el culo redondo. Entre risas y jadeos, la morena le pidió que le llenara la boca de semen mientras le follaba el coño con los dedos, empapando los labios de esa vagina ancha y caliente que chorreaba jugos por cada embestida. La rubia, con las tetas inmensas colgando como dos melones maduros, se arrodilló en el suelo y le metió la verga a su amiga por el culo, arrancándole un grito ahogado mientras las nalgas palpitaban y los fluidos le resbalaban por los muslos. El olor a sexo y humo llenaba la habitación, mezclado con los gemidos que rebotaban en las paredes cuando la morena se corrió sobre la cara de la rubia, chorreando leche caliente por la barbilla y los pechos mientras la otra no paraba de empotrarla con fuerza, hasta que ambas acabaron exhaustas y pegajosas, con los cuerpos cubiertos de sudor y los coños brillantes por los jugos derramados. La rubia se limpió los labios con el dorso de la mano y le susurró al oído que la próxima vez le iba a reventar el culo con una verga más gruesa, mientras la morena le mordisqueaba los pezones y le chupaba los dedos llenos de sus propios jugos.