Chica pálida se corre de gusto empalada por el culo
La rubia de piel nívea llevaba días coqueteando con miraditas y sonrisitas cada vez que él pasaba por su lado, pero hoy no hay más juegos: hoy quiere que la empotre como su puta favorita. Él no se hace de rogar y le baja los leggings ajustados de un tirón, dejando al descubierto un coño depilado que ya gotea por anticipación mientras ella se inclina sobre la mesa del comedor con las manos temblorosas apoyadas en el borde. La polla enorme, gruesa y venosa se clava sin piedad en su culo prieto, arrancándole un gemido gutural que resuena en toda la casa mientras la punta le roza ese punto que la vuelve loca, haciendo que sus rodillas flaqueen. Ella se agarra fuerte de los bordes del mueble, los nudillos blancos por la fuerza, mientras él le clava los dedos en las caderas y la embiste con embestidas brutales que hacen saltar sus tetas firmes contra la madera fría. Entre jadeos y maldiciones, ella le suplica que no pare, que le dé más fuerte, que le reviente el culo a esa puta caliente que no para de mover el culito para recibirlo mejor, con los muslos cubiertos de un sudor que brilla bajo la luz tenue del atardecer. Él le escupe en el coño empapado y se lo lame con furia antes de volver a clavársela por el culo, esta vez con un ritmo de martillo neumático que la deja sin aliento, los muslos temblando y el coño chorreando sin control. La polla entra y sale a toda velocidad, arrastrando consigo el enorme plug anal que aún le estiró el ano horas antes, pero hoy no hay nada entre ellos: solo carne, sudor y el sonido húmedo de sus cuerpos chocando sin piedad. Cuando él le agarra la coleta rubia y le echa la cabeza hacia atrás para llenarle la boca con su polla palpitante, ella se corre sin aviso, un chorro caliente y espeso que le inunda los muslos y la cara, gimiendo con la boca llena mientras él le aprieta el cuello con una mano y le martilla el culo con la otra hasta que siente cómo su leche espesa le quema las entrañas y le resbala por las nalgas redondas. Los dos quedan jadeando, pegajosos y satisfechos, con ella aún empalada en su polla mientras le susurra al oído que quiere que la folle así todos los días, que no se detenga nunca, que la use como su puta personal hasta que no pueda caminar.