Chiquita con gafas recibe leche en la cara y coño
Lleva esos lentes que le dan un aire de intelectualita sexy y esa mini falda que apenas le cubre el culo prieto, pero cuando abre la boca para chupar se le nota que es pura zorra en celo. La muy putilla se arrodilla en el suelo con esos tacones de aguja que le hacen arquear la espalda y le dejan las tetas pequeñas al aire, temblorosas y con los pezones duros como piedras. Rob Carpenter no pierde tiempo y le agarra la cabeza con las dos manos, metiéndole hasta la garganta su polla gruesa y palpitante que ya gotea por las puntas. Ella no se queja, solo abre más los labios carnosos, saca la lengua y empieza a lamerle las bolas mientras le masajea el tronco con los dedos, dejándolo más duro que una piedra. En un rápido movimiento la levanta, la sienta sobre su regazo y le baja las bragas de encaje negro hasta los tobillos, dejando al descubierto un coño depilado y chorreante que huele a sexo puro. Empieza a cabalgarlo al revés, con esos culitos redondos rebotando contra sus muslos mientras los lentes se le caen y le quedan colgando de una oreja, empañados por el sudor y el aire caliente del ambiente. Rob no aguanta más y la gira contra la pared, subiéndole la falda hasta la cintura para empotrarla de golpe por detrás, hundiendo su verga hasta las pelotas dentro de ese coño empapado que no para de chorrear jugos por todas partes. Ella gime como una perra en celo, arañando la pared con las uñas pintadas de rojo mientras él la embiste sin piedad, sus pelotas golpeando contra su clítoris hinchado con cada envestida. De repente, Rob la saca con fuerza, la tira al suelo y le ordena que se masturbe con los dedos mientras le apunta a la cara con su polla goteante. Ella obedece sin chistar, frotándose el clítoris con movimientos circulares mientras los chorros de leche salen disparados, rociándole las tetas, la barriga y hasta los lentes, que quedan completamente cubiertos de un blanco espeso que le resbala por las mejillas y le entra en la boca entre jadeos y gemidos ahogados. Al final, él le da una última embestida en la boca, llenándole la garganta de leche espesa que ella traga sin dejar ni una gota, lamiéndole el glande con la lengua hasta dejarlo reluciente y limpio.