Rubia ardiente se escapa con hombre casado para follada secreta
La rubia Ashby no pudo resistirse cuando él la miró con esos ojos de depredador desde el otro lado de la barra del bar, mordisqueando su labio inferior mientras sus dedos jugaban con el borde de su vestido ajustado. Lo siguió hasta el estacionamiento oscuro entre risitas nerviosas, sintiendo el calor de su aliento en el cuello mientras él la empujaba contra la pared con su cuerpo musculoso, apretando su trasero contra su entrepierna ya dura como una piedra. Antes de que pudiera protestar, sus labios se estrellaron contra los de ella, devorándola con una pasión que la dejó sin aire, mientras sus manos le arrancaban la blusa para liberar esos pechos pequeños y firmes que tanto le habían estado volviendo loco. Ella gimió cuando sus dedos se hundieron entre sus piernas, sintiendo su coño empapado y listo para ser follado sin piedad, sus bragas de encaje rasgadas con un tirón brusco. La tumbó sobre el capó del auto, sus piernas rodeando su cintura mientras él le metía la polla hasta el fondo con embestidas brutales, haciéndola gritar de placer cada vez que su glande golpeaba su punto más sensible, su clítoris hinchado pidiendo más. Cambió a posición de perrito, agarrándole el pelo para empotrarla contra el asiento, su culo palpitando con cada embestida mientras sus tetas pequeñas rebotaban salvajemente. Él le ordenó chupársela hasta tragárselo todo, metiéndosela hasta la garganta con movimientos rápidos que la obligaron a ahogarse en su propio gemido, los ojos llorosos mientras su saliva resbalaba por su barbilla. Cuando sintió que su leche caliente le quemaba la garganta, se corrió con un espasmo violento, su coño apretando su polla como si nunca quisiera soltarla, mientras él le llenaba la boca hasta que le rebosó por las comisuras. Ella se dejó caer de rodillas, limpiando los últimos restos con la lengua, jadeando entrecortadamente mientras su cuerpo temblaba de la intensidad de cada orgasmo que le había arrancado.