Culo enorme bailando y pidiendo que se lo rompan
La música suena fuerte en el cuarto, las luces rojas dan un ambiente de pecado, y tú estás ahí, frente a ese culo perfecto moviéndose como si nadie lo viera. La minifalda apenas cubre lo necesario, y cada vez que se agacha, el tanga se hunde entre esas nalgas redondas, mostrando lo mojada que está. La agarras por la cintura, sintiendo cómo tiembla bajo tus dedos, y le ordenas que se incline sobre la cama. Ella obedece sin rechistar, separando las piernas para que veas cómo brilla su coño, pero tú no vas por ahí: quieres ese culo apretado, y se lo dices. La polla ya está dura, y la frotas contra su entrada, sintiendo cómo se retuerce de anticipación. 'Pídeme que te la meta', le dices, y ella gime, 'Por favor, métemela hasta las pelotas, hazme tu puta'. No te haces rogar: de una estocada, la penetras hasta que las caderas chocan, y ella grita, pero no para. Sientes cómo su culo se ajusta a tu verga, cómo se estrecha con cada embestida, y le das más fuerte, más rápido, hasta que la escuchas suplicar que te corras dentro. No te detienes, no hasta que sientes el calor de tu leche llenándole el culo, y ella se queda quieta, con tu polla aún dentro, temblando. Cuando sales, ves el semen escurriéndose entre sus nalgas, y el tanga hecho un jirón en el suelo.