Daddy Black le destrozó el culo con su polla monstruosa
La habitación olía a sudor y lujuria, la luz tenue del atardecer filtraba por la ventana mientras yo me arqueaba contra la cama, el cuero de mis botas negras brillaba bajo la lámpara. Llevaba horas provocándolo, mandándole fotos de mi culo redondo y prieto, rozándome contra él cada vez que pasábamos, hasta que su paciencia se quebró. Él, Daddy Black, entró como un huracán, su polla ya dura antes de tocarme, y sin decir nada me puso de cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mi peso. Sentí su saliva en mi agujero, sus dedos abriéndome de golpe, y gimoteé cuando su verga enorme empezó a empujar, el dolor mezclándose con el placer al sentir cada centímetro entrando hasta el fondo. Douglas Machado maldijo entre dientes al ver cómo mi culo apretado lo tragaba, sus embestidas cada vez más fuertes, el sonido de piel contra piel rebotando en las paredes. Cuando por fin se corrió, lo hizo con un gruñido gutural, su leche caliente resbalando por mis nalgas, manchando las sábanas blancas. Ahora, horas después, aún tengo su marca en mi piel, el escozor recordándome cómo me rompió sin piedad.